Sample text for Big Papi : la historia de mis anhelos y mis grandes batazos / David Ortiz con Tony Massarotti.


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Chapter One
El nacimiento de Big Papi
Para ser sincero, todavi;a me da risa. Puedo estar en el campo, calentando para un juego o algo asi;, y alguien del otro equipo viene y me pregunta: “¿Que; hay, Papi?”. Yo puedo no conocer al tipo, quizá no lo reconozca, pero e;l me conoce por mi apodo. Asi; que yo lo saludo de vuelta, “¿Que; pasa?”, y vuelvo a correr o al estiramiento o a lo que sea. Pero por dentro, me da risa.
La verdad, no se; cómo comenzó, hermano. No tengo ni idea. Despue;s de que llegue; a Boston y comence; a jugar para los Medias Rojas, yo andaba por el camerino y hablaba con los otros jugadores, y comence; a decirles papi. Algunos de mis compañeros haci;an lo mismo. Alguien como Manny Rami;rez pasaba junto a algún periodista o alguien a quien no le sabi;a el nombre y le deci;a cosas como, “¿Cómo te va, papi?” o “Es un di;a lindo, ¿no, papi?”, y la gente se rei;a. En la República Dominicana usamos esa palabra todo el tiempo, igual que los estadounidenses dicen buddy o pal, pero se parece más a daddy o pops. Asi; es como hablamos. Y en Boston, antes de que nos die;ramos cuenta, todos en el equipo estaban dicie;ndoles a los otros papi, y al poco tiempo ocurrió que el nombre me perteneci;a.
David Ortiz.
Big Papi.
Adonde quiera que vaya, hermano, asi; me dicen. Es en serio. Cuando salgo del dugout antes de un juego, ya sea en la liga de invierno o en el entrenamiento primaveral o en la postemporada, los aficionados me llaman asi;. Incluso en la República Dominicana, donde cualquiera puede ser papi, se me identifica asi;. Antes de la temporada de 2006, cuando tuvimos el Clásico Mundial de Be;isbol por primera vez, no podi;a ir a ninguna parte sin que la gente dijera mi apodo. Alli; habi;a equipos de los Estados Unidos y la República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela y Cuba. Habi;a equipos y aficionados de todas partes. Y sin importar adónde fuera o contra quie;n jugara, la gente sabi;a mi nombre porque me habi;a visto en la televisión o en los periódicos o donde fuera.
Es gracioso, hermano.
Y me tomó algo de tiempo acostumbrarme.
Desde que llegue; a Boston, sobre todo desde 2004, muchas cosas han cambiado. Mi vida es totalmente diferente ahora. Sigo siendo la misma persona —el bebe; de mi mamá— sin importar cuán diferentes sean las cosas. Ahora se me hace difi;cil ir a ciertos lugares, sobre todo en la República Dominicana, pero estoy más contento que nunca antes. Toda mi vida he tenido gente alrededor mi;o, gente que me ha dado buenos consejos y que ha tratado de enseñarme cosas. Mi mamá. Mi viejo. Mi esposa, mi familia y mis amigos. Siempre he sido el tipo de persona que trata de fijarse en las cosas buenas, que trata de sacar lo positivo de todo. Mi mamá era igual y mi viejo lo es tambie;n; ellos siempre trataron de inculcarme el deseo de ser mejor, de trabajar y seguir tratando, sin importar que; suceda. Eso es lo que todos debemos tratar de hacer, hermano, seguir mejorando, no importa a que; nos dediquemos.
De manera que este año de 2007, e;se es mi objetivo: ser mejor.
Desde que llegue; a Boston —incluso antes— siento que he mejorado cada año. La gente siempre me pregunta cómo es eso, si hay algún secreto o algo, y yo siempre digo lo mismo: es confianza y mucho trabajo. En el año 2002, mi último año con los Mellizos de Minnesota, conecte; 20 jonrones en unos 400 turnos al bate, y senti; que estaba jugando bien. En 2003, mi primer año en Boston, conecte; 31 jonrones en unos 450 turnos. Desde entonces, cuando los Medias Rojas comenzaron a utilizarme cada di;a, he conectado 41 jonrones (en 2004), 47 jonrones (en 2005) y 54 jonrones (en 2006). Mi número de carreras remolcadas tambie;n ha ascendido. A finales de la temporada pasada deje; de jugar algunos juegos, asi; que se; que puedo mejorar. Quizá llegue a 60 jonrones. Quizá llegue a 70. Quizá pueda ayudar a que los Medias Rojas ganen otra Serie Mundial.
Suena loco, ¿cierto? Pero voy a decir algo: si uno se propone algo, uno puede conseguir casi cualquier cosa. Uno necesita confianza y apoyo, pero uno puede hacerlo. Yo se; por que; lo digo.
En cuanto al equipo, creo que tambie;n vamos a mejorar. El año pasado tuvimos muchos cambios, muchos peloteros nuevos y muchas lesiones tambie;n. Habi;a muchos que jugaban en Boston por primera vez y algunos nunca habi;an jugado en la Liga Americana. Iniciarse en una nueva liga toma su tiempo y conocer a los lanzadores, hacer ajustes, acostumbrarse a todo. Yo lo se; porque he jugado toda mi vida en la Liga Americana y todavi;a me pasa. Cada año, hay nuevos jugadores en la liga y nuevos lanzadores a los que hay que conocer, cosas como esas. Pero mientras más tiempo uno pasa alli;, más uno conoce y menos cosas hay que aprender. Se vuelve más fácil.
Pongamos por ejemplo a Mike Lowell, hermano. e;l es inteligente y ha estado jugando durante un buen tiempo, pero no habi;a jugado en la Liga Americana antes de 2006. Su promedio la temporada pasada fue de .280 con 20 jonrones y 80 carreras remolcadas, lo cual está bien, pero apuesto que va a ser mejor este año. Y me parece que va a ser lo mismo con nuestros lanzadores jóvenes como Jonathan Papelbon y Josh Beckett. Papelbon es feroz, hermano, y ha sido feroz desde que llegó a las grandes ligas. ¿Cuánto puede mejorar e;l? Recuerdo una vez que estábamos en Toronto, en 2005, y el hombre lanzó tres entradas como relevista y no permitió ni imparables ni carreras. Era un juego que debi;amos ganar. La temporada estaba finalizando y tratábamos de clasificar a la postemporada, y teni;amos todo tipo de problemas con nuestro bulpe;n. El chico entró en el juego
—era un novato, hermano— y pareci;a que hubiera lanzado en las grandes ligas toda la vida. Recuerdo ese juego porque yo conecte; un jonrón en la onceava entrada y ganamos 6 a 5 —fue mi segundo jonrón del juego— y Pap obtuvo su primera victoria en las grandes ligas. Recuerdo que los periodistas se me acercaron despue;s del juego para preguntarme por e;l y recuerdo que les dije que Pap me recordaba a Roger Clemens. Y me lo recuerda, hermano. Mientras se mantenga saludable, ese chico va hacer grandes cosas.
Ya me hubiera gustado a mi; tener ese tipo de confianza cuando era un novato.
Y que; tal Beckett, hermano. Hay que verlo. Tiene un tremendo brazo. El año pasado ganó 16 juegos para nosotros y cada di;a está mejor. Me parece que sólo es 6 meses mayor que Papelbon. Todavi;a está aprendiendo. Beckett lanzó toda su carrera en la Liga Nacional antes de venir a jugar con los Medias Rojas, asi; que no conoci;a la liga o a los bateadores, y la temporada fue un gran aprendizaje para e;l. La Liga Americana es dura, hermano. Es muy diferente de la Liga Nacional. Hay tipo grandes como yo en la mitad de la alineación y no se pueden cometer errores. Es diferente. Un lanzador puede llegar al final de .la alineación en la Liga Nacional y puede lanzar alrededor de los bateadores o ahorrarse lanzamientos, esa clase de cosas es posible porque el otro lanzador tiene que batear. Pero nada de eso se puede hacer en la Liga Americana y aprender esto lleva tiempo.
Hay que tener paciencia, hermano.
Yo se; lo que digo.
Soy la prueba de ello.
Aunque el año pasado no estuvimos en la postemporada, voy a decir algo: no tuvimos un año muy malo. Sufrimos muchas lesiones, sobre todo al final, pero teni;amos mucho talento. Una de las cosas buenas acerca de jugar en un lugar como Boston es que siempre vamos a tener talento, no importa que; pase, y eso es muy diferente de un lugar como Minnesota, donde jugue; los primeros cuatro o cinco años de mi carrera. En Boston, tenemos que competir contra los Yankees de Nueva York cada año y sabemos que los Yankees van a ser buenos. Nuestros dueños y nuestro gerente general hacen cambios todos los años
—ya han hecho algunos desde el final de la última temporada— y siempre intentan que seamos mejores. Despue;s del final de la temporada pasada, invirtieron mucho dinero para mejorar el equipo. Gastaron más de U$100 millones para conseguir a Daisuke Matsuzaka, un lanzador japone;s que va a reforzar nuestra alineación de lanzadores durante muchos años. La gente de la oficina tiene trabajos difi;ciles, hermano, pero nosotros confiamos en ellos.
Llegar a la postemporada es algo que queremos hacer cada año, pero aun cuando dejemos de clasificar a alguna, el mes de octubre sigue siendo muy valioso. Uno puede hacer buen uso del tiempo libre. La temporada de pelota es larga y puede cansarlo a uno, y llegado el otoño de 2006, habi;amos estado en la postemporada tres años consecutivos. En 2004, cuando ganamos la Serie Mundial, la postemporada fue como una gran fiesta. Adonde quiera que fue;ramos, todo el mundo queri;a hablar sobre los Medias Rojas. Pareci;a que siempre habi;a dónde ir, dónde celebrar, y creo que todos sentimos el peso de eso al empezar el entrenamiento primaveral y la primera mitad de 2005. Pareci;a que la temporada nunca hubiera terminado. Despue;s volvimos a clasificar para la postemporada de 2005, y aunque los Medias Blancas de Chicago nos blanquearon en la primera ronda, nos dio la impresión de que el entrenamiento primaveral siguiente se nos vino encima. Tuvimos el Clásico Mundial de Be;isbol y despue;s comenzó la temporada, y de repente ya estábamos de nuevo en agosto, en septiembre, tratando de clasificar a la postemporada.
Creo que el invierno pasado, por fin, todos logramos recuperar el aliento, descansar y prepararnos para la temporada como nos gusta hacerlo. Y que los Yankees nos dieran una paliza, ganándonos por 11 juegos y dejándonos en tercer lugar y por fuera de la postemporada, creo que nos ha servido de aliciente. Nada llega fácil. Uno tiene que trabajar sólo para mantenerse al di;a y hay que trabajar mucho para mejorar, de lo contrario ya se sabe lo que ocurre.
Uno termina derrotado.
Y yo no se; los demás, pero a mi; no me gusta perder.
Desde que terminó la temporada pasada he estado entrenando. Cuando la temporada terminó, casi inmediatamente, comence; a ir al campo para prepararme para esta temporada. Apuesto que muchos de mis compañeros (y contrincantes) hicieron lo mismo. La temporada de pelota no comienza oficialmente sino hasta abril, pero nosotros tenemos que llegar al entrenamiento primaveral en febrero. Yo suelo comenzar a jugar antes que eso, en el invierno. Y si uno quiere soportar una temporada tan larga, si uno quiere que el cuerpo resista, hay que trabajar en octubre, noviembre y diciembre.
Voy a contar algo gracioso: siempre que voy a algún lugar, la gente espera verme gordo. Es en serio, hermano. El año pasado, al finalizar la temporada, fui a comprar una camisa nueva a un almace;n que alguien me recomendó. Entre; alli; y uno de los dependientes me reconoció y comenzamos a hablar. Yo me probe; unas camisas y el hombre me miró y dijo: “¿Puedo decirle algo?”. Yo dije claro. Entonces el tipo me dice que pensó que yo era más grande, pensó que yo era gordo, e;l me vei;a en la tele y se sorprendió al ver lo diferente que me veo en persona.
¿Y que; le dije yo?
“Todo el mundo me dice lo mismo”.
Es en serio, hermano. No estoy bromeando. Cada vez que voy a algún lugar donde la gente no me conoce, me dicen lo mismo: me veo más gordo en la tele. Yo soy un tipo grande —mido 1 metro 93 centi;metros y peso 118 kilos— pero trato de cuidar de mi; mismo. En el be;isbol, hay que hacerlo. Como todos los peloteros, voy al gimnasio mucho durante la temporada y trato de comer adecuadamente, pero soy grande. Hasta mis compañeros de equipo me molestan con eso. Pero yo uso un uniforme realmente grande que me hace ver gordo en la tele, asi; que siempre que conozco a alguien, se sorprenden de que yo no sea un tipo gordo.
Yo siempre bromeo: “¿Quie;n creen que soy, Kevin Millar?”.
(Estoy seguro de que Millar dirá lo mismo de mi;, hermano.)
No es mentira lo del uniforme, hermano. Me gusta grande. Creo que la camisa es una o dos tallas por encima de mi talla y los pantalones son mucho más grandes que eso. Yo tengo una cintura de 40 pulgadas (101 centi;metros) y un tiro de 34 pulgadas (86 centi;metros) —la medida de mis pantalones es 40-34—, pero los que uso en los juegos tienen 46 pulgadas de cintura y 40 pulgadas de tiro. Deben de hacerme ver gordo, pero me gusta el uniforme asi; de suelto porque me permite mover los brazos y las piernas. Y tambie;n oigo a gente como el del almace;n y me pregunto que; tan grande me veo.
Mi viejo está en muy buena condición fi;sica. Mi mamá no era pesada tampoco. Pero yo soy grande y ya estoy por encima de los 30 años, asi; que decidi; despue;s de la última temporada que comenzari;a a cuidarme más. Empece; a trabajar con un entrenador personal y cambie; la dieta, y deje; de comer tanta pasta y arroz y ese tipo de cosa. Si uno no se cuida, hermano, ese tipo de comida hace estragos. Mi entrenador me dijo que el ejercicio no hace mella a menos que uno cambie la alimentación, asi; que cambie; todo a comienzo de la postemporada. Mientras las finales avanzaban, mi entrenador me teni;a levantando pesas en la mañana y corriendo en la tarde. Nunca habi;a corrido tanto, pero le dije que queri;a bajar 10 o 15 libras antes del inicio de la temporada.
Ése era el objetivo, hermano. Eso fue lo que les dije a mis compañeros. Queri;a ser más fuerte pero con un mejor estado fi;sico, asi; que comencÉ a entrenar con más ahi;nco que antes.
¿Y el bÉisbol? Eso no comienza sino hasta diciembre, hermano. Hay un periodo en el que no levanto ni un bate. Durante la temporada abanico todos los di;as, asi; que me gusta descansar un poco al final del año. Por lo general estoy en Estados Unidos en octubre y el principio de noviembre, pero despuÉs voy a la República Dominicana, donde hace más calor. Cuando llega enero, ya he empezado a batear un buen rato cada di;a, y sigo entrenando y comiendo sanamente para mantenerme en forma. Intento hacer lo mismo durante el entrenamiento primaveral. Pero una vez que comienza la temporada y empiezo a jugar, yendo de una ciudad a la otra, es más difi;cil seguir con la rutina.
Pero por eso es importante hacerlo todo cuando se tiene el tiempo.
A veces me canso, como todo el mundo. Ahi; es cuando se pone difi;cil. La temporada es larga —jugamos casi todos los di;as— y los juegos se suceden rápidamente. A veces, da la sensación de que uno se despierta, juega, se va a acostar y vuelve a despertarse. La rutina cansa. Uno oye a muchos jugadores decir que se cansan más mentalmente que fi;sicamente, y eso es lo que quieren decir. Uno no tiene un respiro. La persona promedio no entiende mucho de esto porque nos ve jugar, pero hay mucho más que eso. Por cada hora que estamos en el campo de juego, nos preparamos al menos una hora. Quizá sea hasta dos horas. Hay ocasiones en que jugamos todos los di;as durante tres semanas. Recuerdo que una vez en la temporada de 2005 jugamos, debido a las lluvias, 30 juegos consecutivos. Era tarde en la temporada y estábamos cansados, y eso fue antes de que tuviÉramos que jugar todos esos juegos. Cuando llegamos al final, estábamos acabados. No nos quedaba nada. Ése fue el año que jugamos en la postemporada con los Medias Blancas y perdimos en tres juegos. Éramos un equipo cansado.
Ahora que pienso en ello, no sÉ cómo hicimos para llegar tan lejos, pero creo que eso dice mucho sobre la gente que teni;amos en el equipo. Eran duros. No se daban por vencidos e
hicimos lo mejor que pudimos.
Cuando uno se hace mayor, como yo, la preparación se vuelve más importante. DespuÉs de la temporada de 2006, cumpli; 31 años. Todavi;a estoy en lo mejor de mi carrera, pero ya no tengo 25 años. De ahora en adelante, debo prepararme y trabajar duro antes de cada temporada porque necesito tener toda la fuerza posible una vez que comienzan los juegos. A medida que uno envejece, la vida se hace más fácil en algunos aspectos; en otros, más difi;cil. La pelota es lo mismo. Uno no tiene la misma fortaleza ni la misma energi;a cuando pasan los años, pero uno aprende a conservarla. Uno sabe cuándo la necesita. Y uno aprende a controlar el cuerpo, las emociones, para permanecer tan ágil y alerta como sea posible.
No voy a mentir, hermano.
Jugar bÉisbol es duro.
Pero si uno le pregunta a la mayori;a de los peloteros de grandes ligas, obtiene la misma respuesta...
Me encanta hacer lo que hago.
He estado en Boston cuatro años y pienso seguir alli; muchos más. Eso es algo que se debe saber. A principios de la temporada pasada, firmÉ un contrato con los Medias Rojas de cuatro años por U$52 millones que me mantendrá en el equipo hasta el año 2010. El equipo mantiene una opción para 2011, lo que significa que podri;a quedarme en Boston los próximos cinco años. He aprendido que las cosas pueden cambiar rápidamente en el bÉisbol porque el juego es, en primer lugar, un negocio, pero me encanta jugar para los Medias Rojas y me encanta la ciudad de Boston, y creo que la ciudad y los aficionados me quieren a mi;. Eso significa mucho para mi;. Yo espero terminar mi carrera alli;. Mi esposa y mis hijos viven en Boston y pasamos la mayor parte del tiempo alli;, a lo largo de todo el año. Yo vuelvo cada invierno a la República Dominicana, pero mis hijos están creciendo y van a la escuela, asi; que hemos decidido echar rai;ces en Boston.
En Boston, a donde voy me tratan como si fuera de alli;. Es una de las mejores cosas de vivir en esa ciudad. El invierno pasado, los Celtics de Boston inauguraron la temporada de baloncesto y yo fui al juego con mi esposa, Tiffany, y un par de amigos. Teni;amos asientos debajo de una de las cestas y aparecimos en la pantalla del marcador en el intermedio y el lugar enloqueció. Me pidieron que fuera parte del espectáculo del intermedio, cuando la mascota de los Celtics, un tipo llamado “Lucky” que se viste de duende, monta un trampoli;n y salta de manera loca para hacer cestas, cosas de Ésas. Entonces este tipo, Lucky, me dice que me pare cerca del trampoli;n y sostenga la pelota en el aire, y Él viene corriendo, salta en el trampoli;n, coge la pelota, hace una voltereta y encesta.
Debo admitirlo, hermano...
Fue asombroso.
El coliseo enloqueció nuevamente —sÉ que estaban animando a Lucky—, pero debo decir que fue bueno formar parte de algo como eso. Poco antes del juego en el Garden, yo participÉ en un evento de caridad en el que juguÉ Wiffleball con algunos de los chicos de Weston, que es un barrio de las afueras de Boston. Luego, donÉ algunas camisetas de fútbol americano a una de las escuelas de la ciudad y lleguÉ a lucir yo mismo una de ellas cuando lo hice. Me senti; muy bien, igual que cuando fui, uno o dos meses despuÉs, a la República Dominicana para hacer entrega de una donación de U$200.000 al Plaza de la Salud Hospital de Niños, el hospital infantil de Santo Domingo. Conseguimos el dinero de muchas maneras, subastando las pelotas con las que obtuve los jonrones que batieron marcas en 2006, recibiendo donaciones de mis compañeros de equipo, llevando a cabo un entrenamiento de bateo para chicos en el área metropolitana de Boston y organizando una fiesta en el centro de la ciudad. Todo eso hace que uno se sienta bien, hermano. Uno siente que puede ayudar. Uno siente que está haciendo algo bueno.
Por eso yo quiero seguir ayudando. Siento que pertenezco tanto a Boston como a la República Dominicana. Mis padres siempre me dijeron que recordara de dónde veni;a y que ayudara a los demás, y eso es lo que creo que hago ahora.
Desde que lleguÉ a Boston, las cosas han cambiado mucho. No sÉ por dónde comenzar a describirlo. A veces me resulta difi;cil volver a la República Dominicana porque alguna gente de allá siempre quiere algo de mi;, pero creo que eso pasa con todos los peloteros dominicanos. Estoy seguro de que le pasa a Pedro Marti;nez y a Vladimir Guerrero, a Miguel Tejada y a Bartolo Colón. Ellos son todos grandes peloteros. Todos somos dominicanos y amamos nuestro pai;s. Pero hay veces en que volver allá puede ser difi;cil porque la gente espera tanto de nosotros, porque quieren conocernos tanto que no podemos ir a ninguna parte.
Voy a tratar de explicarlo mejor.
Hace unos años, creo que fue despue;s de la temporada de 2005, volvi; a la República Dominicana, como siempre. No recuerdo si fue en diciembre o enero. Pero cerca de mi apartamento en Santo Domingo hay un parquecito donde voy con mis amigos a vacilar, escuchar música y hablar. A mi; me gusta mucho la música y podemos pasar horas alli; sin hacer nada, vacilando y escuchando música. Es una de esas cosas que me gusta hacer cuando voy a mi pai;s. La temporada de be;isbol puede a veces resultar muy larga, muy estresante, asi; que uno valora realmente esa e;poca del invierno en la que todo es más lento. Es entonces cuando los peloteros vivimos una vida normal, cuando podemos salir y hacer las cosas que la mayori;a de las personas da por sentado.
Mientras estábamos alli; en el parque, alguien me reconoció y quiso saludarme. Asi; que yo me acerque; y lo salude;, le di la mano, trate; de ser cordial. Yo supuse que e;l se comportari;a igual, pero no fue asi;. Queri;a seguir hablando, queri;a quedarse con nosotros y ser mi amigo. Supongo que queri;a o necesitaba dinero, lo cual resulta incómodo para mi;. ¿Que; se supone que debo hacer en ese caso? Yo quiero ser amable con la gente y les digo lo mismo a mis amigos. Que sean amables, que no sean groseros. Por lo general, la gente sólo quiere saludarme y dejarme saber que me vieron en la tele o en algún juego, que aprecian la manera como hago mi trabajo y que me veo feliz.
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Ortiz, David, -- 1975-
Baseball players -- Dominican Republic -- Biography.
Boston Red Sox (Baseball team)
World Series (Baseball) -- (2004)